Lo primero que hacemos es cocer brócoli y coliflor en agua con sal. Más o menos la mitad de cada cosa. Hay que dejar que quede muy bien cocido, porque luego habrá que machacarlo y, una vez cocida, la escurrimos bien.

Freímos en una sartén seis dientes de ajo con dos guindillas (las guindillas sólo dan un puntito picante, si queréis que pique más, basta con que las rompáis y que salgan las semillas).
Una vez que estén doraditos, añadimos la verdura para rehogarla y la vamos machacando con un tenedor.

Ya tenemos el relleno. Ahora sólo nos queda cocer las placas de los canelones, aunque ahora hay algunas que basta con que las pases por agua caliente. Eso lo dejo a elección del cocinero.
Ponemos en la base de la fuente en la que los vayamos a hacer un fondo de tomate frito. Y vamos añadiendo los canelones a medida que los vayamos rellenando.

Hacemos una bechamel o añadimos de las que ya vienen hechas, cubriendo los canelones. Un poco de parmesano y los ponemos a gratinar en el horno.

Déjalos enfriar un poco y listos para comer. Son un poco engorrosos de hacer, pero no tienen mucho misterio.
Lo mejor es que puedes hacer muchos de una vez y congelarlos con bechamel y todo. Lueo puedes decongelarlos en el microondas o el día anterior pasarlos a la nevera para que se vayan descogelando poco a poco.