Cuando se trata de cuidar a la persona que amo, no tengo límites.
Así que he equilibrado la comida tanto porque quiero darle lo más sano y saludable.


De primero he hecho unas verduras mezcladas con un poco de pasta (100 gramos por persona), y no es pasta con verduras como sería lo normal, ya que de verduras se puede comer una cantidad ilimitada, mientras que hidratos de carbono con 100 gramos es suficiente.
Se saltean las verduras, en este caso, cebolla, calabacín, pimiento verde, y zanahoria hasta que estén al punto que guste. Para mí, lo ideal es la cebolla y el pimiento verde hechos y el calabacín y la zanahoria con un punto crujiente. Casi al final, se sazona con sal y pimienta blanca, en este caso me gusta más el aroma de esta. Como me gusta el picante, al principio, con la cebolla y el pimiento, he salteado también una guindilla y luego la he retirado. Cuando todo esto está en su punto, le añado trozos de tomate maduro pelados y azúcar a gusto, para quitarle el punto ácido. Un secreto importante es nevarlo con orégano fresco y remover y remover para que los sabores se mezclen. De los aztecas y los mejicanos aprendí que cocinar con un punto de cacao da un sabor profundo a este tipo de verduras, y así lo he hecho. Cuando he considerado que todo estaba en su punto, lo he rociado con un excelente vino blanco y lo he dejado reducir. Y el resultado ha sido una bonita tarde entre sábanas como agradecimiento de esa caricia estomacal que me he currado.

Nota: no encontraréis esta pasta en una tienda normal, es para celíacos.
